Martes, 24 Octubre 2006
Ellos siguen su vida. Ellos no tienen nada que ocultar.Ellos sólo tienen que encontrar alguien especial, no es fácil encontrarlo, pero una vez lo encuentras sólo tienes que seguir el camino marcado, nadie te va a poner la zancadilla, y nadie te va a mirar mal por seguir el camino marcado. Tienen sus primeras citas, sus primeros besos, sus primeros cines, sus primeras relaciones sexuales, sus primeros viajes, y nadie les dice donde, ni cuando, ni como deben ser esas primeras citas, esos primeros besos, esos primeros cines… sólo hay que dejarse llevar por la marea y comportarse como el resto.
Desde hace no mucho tiempo una especie nueva ha surgido. Parece que hayan salido de bajo las piedras, como si no fueran de este planeta, como si nunca antes hubieran existido. Ellos los ven por todas partes y parecen extrañados, confusos, tanto que no se ponen de acuerdo, no actúan todos igual, no siguen un patrón. Algunos tratan de meterlos de nuevo bajo la piedra de la que creen que han salido, y a veces una simple mirada es suficiente para que estos nuevos seres vuelvan por donde han venido. Otros los observan discretamente, mostrando cierta curiosidad, intentando adivinar si realmente son, como dicen en la tele, iguales a ellos, aferrándose con fuerza al camino marcado y asegurándose de que en cuanto uno de esos seres se cruza en su camino todo el mundo sepa que ellos son normales, no sea que los vayan a confundir con esos bichos raros. Por último están aquellos que les miran con algo más que curiosidad, con recelo, fijándoles la mirada como si algo de dentro de ellos les dijera que su sitio está con esos seres, que su sitio está con nosotros.
Nosotros no hemos salido de ninguna piedra, ni venimos de otro planeta, ni nos han sacado de ningún laboratorio. Hemos estado ahí siempre, en la sombra, intentando por todos los medios no sobresalir entre la multitud, guardando para nosotros nuestra verdadera condición. Somos los mismos ahora que hace unos años. La diferencia es que cada vez más decidimos dejadnos ver, decidimos quitarnos esa máscara que nosotros mismos nos hemos puesto desde que tenemos uso de razón para evitar que nos descubran, para poder andar libremente por ese camino marcado, ese que te meten tus padres en los cereales todas las mañanas, ese que te recuerdan en todas las series, ese que usan todas las películas para vender más, ese camino ideal que comienza cuando te enamoras y llega a su destino cuando formas una familia y vives feliz, con la casa de campo, la mujer, el perro y los hijos. Creedme que no es fácil poner un solo pie fuera de ese camino, por que en cuanto te desvías, en cuanto pones un solo dedo fuera de ese camino sabes que alguien va a girarse para observarte. No importa lo discreto que seas, siempre va a haber un ojo mirándote, un ojo que se asegura de que te lo pienses dos veces antes de sacar un solo dedo del camino.
Algunos de nosotros decidimos hace unos meses abandonar ese camino y labrar el nuestro. Admitimos, resignados, que no somos iguales que ellos, pero queremos que nuestro camino sea muy parecido al de ellos, por que en el fondo no somos tan diferentes y no buscamos cosas tan diferentes. Nuestra intención es unirnos a ellos, unir nuestros caminos y andar juntos hacia delante, pero no es tarea fácil. En cuanto alguno de nosotros intenta unirlos, intenta entrar en su camino un gran muro se levanta, un muro de miradas, un muro que no nos impide entrar, pero se te dice sin palabras algo como “no tengo nada en tu contra pero este no es tu sitio”. También es verdad que, por suerte, este muro es cada vez menos alto, cada vez hay más personas que miran para otro lado, o que simplemente miran de reojo, personas que nos hacen las cosas más fáciles, personas que dejan pasar a algunos de nosotros, que dejan pasar a gente como yo.
Yo llevo años intentando andar sobre esas baldosas establecidas, por ese camino marcado. Te puedo asegurar que lo he intentado todo, he intentado andar de frente, de espaldas, de lado, a gatas, saltando, corriendo, pero por mucho que lo intentaba no conseguía ir hacia delante. Todo eran pasos en falso, decepciones, y lágrimas, muchas lágrimas, eso si, todas en la más completa soledad, por que el hecho de ser diferente, de admitir que eso que me impedía ir hacia delante fuera el hecho de ser uno de esos seres, uno de esos bichos raros, viciosos, dueños y señores de todas las enfermedades de transmisión sexual, marginados de la sociedad condenados a ser infelices el resto de sus vidas, eso, ser eso, simplemente no era una opción, y como esa opción no estaba entre mis opciones, me hacia constantes preguntas ¿Si ellos pueden porque no puedo yo? ¿Tengo algo en la cara? ¿He hecho algo mal? ¿Hay algún paso que me he saltado? ¿Por que mis pies se niegan a obedecerme cuando les pido que sigan adelante?, ¿por que mi cuerpo entero se niega a obedecerme?, ¿por que ni un solo pelo de mi cuerpo se eriza en momentos en los que debería arder de deseo?, ¿por que a mi cuerpo no le gusta ese camino?, ¿por que me pide a todas horas que abandone esa lucha inútil de ser lo que no soy? Si todos mis amigos son felices y avanzan en ese camino marcado, ¿por que no puedo hacerlo yo?.
Por suerte, hace unos meses, tras veinticinco años pelando con mi cuerpo, decidí hacerle caso, decidí salir del camino marcado, decidí ser yo mismo. Dejé de ocultarme para todos, para mis amigos, para mi familia, para mi trabajo. Nunca me han gustado las medias tintas, así que decidí que veinticinco años eran demasiado tiempo perdido como para perder ni un segundo más. Hasta ese momento, hasta ese día, no tenía ni la más remota idea de la cantidad de gente que había en mi misma situación. Conocí mucha, muchísima gente, buena gente, mala gente, gente muy resentida, gente infeliz, gente con dos vidas, en definitiva, gente que intentaba hacerse un hueco en este lado del mundo para el cual no hay caminos establecidos, para el cual hay que labrarse el camino cada día como única guía la única que nunca deberíamos haber ignorado, la que nos dicta cada centímetro de nuestro cuerpo.
No es momento ahora de contar mi vida, pero puedo decir que hace un año encontré a alguien con quien compartir ese nuevo camino, su situación, su pasado, y su presente no son los míos, y muchas veces es él quien me pide que no nos mostremos, que vayamos mas despacio, sin molestar, por nuestro propio camino. Lo paso mal por que me muero por dejar de ocultarme con él, me muero por ser yo, por ser el mismo cuando cenamos en mi piso, que cuando cenamos en un restaurante de mi ciudad.
No hay día de mi vida, ni tampoco lo había antes de conocerle, que no desee ser como ellos, para poder sentir los besos de la persona a la que quiero sin esconderme, para sentirla, para acariciarla, para poder dejar de contar los minutos que faltan para que nos metamos en el coche y la pueda besar, para que pueda desempañar el cristal que me impide ver como será mi futuro en pareja.
Después de esto aun habrá gente, entre ellos, que piensen que escogemos este tipo de vida por gusto, o incluso habrá algunos de ellos que digan eso que tanto les gusta, y que tanto duele, que digan que estamos enfermos. Si estoy enfermo que me digan como se cura esto y donde contraje esta enfermedad para evitar que mis seres queridos la contraigan. Si no saben que responder a esto o simplemente no me entienden les pediría, es más, no me importaría rogarles que me dejaran vivir en paz igual que yo les dejo vivir a ellos, que no me pusieran más obstáculos de los que yo mismo me pongo, y que, por favor, dejen de decir que yo he elegido ser así, que yo he elegido ser homosexual.
“Si cada uno de nosotros sólo hablara únicamente de lo que realmente conoce, se haría un gran silencio, un silencio que nos permitiría pensar”.
0 Respuestas a “Ellos, nosotros, y yo”